El gran espejo

Lavacro de bronce

“Para el creyente de hoy estas cosas (El Tabernáculo) sirven como símbolo para el tiempo presente”.

Pablo Hoff

Uno de los utensilios del tabernáculo poco nombrado pero de igual importancia, era el lavacro. También se le llamaba la fuente de bronce. Servía para que los sacerdotes lavaran sus manos y sus pies con el agua que contenía antes de ministrar en el altar. Era una pieza de bronce tallada a mano con tal delicadeza que, cuando el sacerdote se inclinaba frente a el, podía ver su rostro reflejado, como si se tratara de un espejo.

Espero que nadie se levante por la mañana y se presente a sus labores diarias sin antes haberse visto al espejo. Esos pocos minutos sirven para encontranos con la realidad, sobre todo si se está libre de todo producto cosmético. Además, mientras nuestra vista adormecida va adquiriendo poco a poco la visión correcta, nos daremos cuenta que necesitamos un buen balde de agua que quite todas las impurezas y nos vuelva a la vida. Creo que ésto último sonó a comercial de los 90’s, pero en realidad el agua vitaliza.

Pablo Hoff cita en su libro: ‘El Pentateuco’, que para el creyente de hoy estas cosas (El Tabernáculo) sirven como “símbolo para el tiempo presente”. En ese mismo sentido y cuidando el abuso de alegorías, la Palabra de Dios tiene una función muy similar a la de un espejo, pues no hay un solo hombre en la tierra que después de acercarse a ella, haya podido evitar ver el reflejo y las manchas de su pecado. Nos muestra nuestra verdadera condición, como está escrito; No hay justo, ni aún uno. Pero además, sin importar que tan sucios estemos a causa de nuestras iniquidades, me deleito saber que es por la misma Palabra que nuestra vida es purificada. Así es que la Palabra de Dios es el instrumento que sirve para santificarnos. “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra”. Sal 119:9.

Si bien, ya hemos sido lavados desde el día de nuestra conversión, todos los días estamos expuestos a las impurezas que nos rodean en este mundo. Por esta razón, es necesario que cada día limpiemos nuestra vida de toda contaminación. Vayamos a la Palabra de Dios que nos purifica y nos capacita para ministrar en el altar.

Gillette, TX. (2018).

Published by Homero Garza

Soy un padre de familia que ama servir a Dios con los dones y talentos que el Señor me confió.

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